Diálogo con Iván Guarnizo, director de “Del otro lado” (Colombia-España, 2021)

¿Podés presentar con tus palabras tu película? 

Mi mamá estuvo secuestrada dos años por las FARC en 2004 y 2005. Durante su secuestro no tuvimos noticias de ella. Cuando la liberaron trajo consigo un diario que le habían permitido escribir en el que relata su estancia, escribió todos los días de los 603 que estuvo en cautiverio. Ni mi hermano ni yo fuimos capaces de leer el diario. Años más tarde ella murió; y fue sólo unos días después de que se anunciaran los diálogos de paz entre las FARC y el estado colombiano. Mientras estaba en su lecho de muerte tuvimos nuestra última conversación más allá de los avatares diarios de la enfermedad, y ahí me dijo que ella había perdonado todo. Cuando se firman los acuerdos de paz, cuatro años después de nuestra conversación me pregunto si yo también seré capaz de perdonar, es entonces cuando decido empezar a leer su diario e ir a la búsqueda de los guerrilleros que la secuestraron.

¿Cuál fue el germen de la película, de dónde surgió tu motivación?

El día de la firma de los acuerdos de paz de La Habana para el fin del conflicto entre el estado colombiano y las FARC vi la transmisión en directo y me descubrí a mi mismo escrutando un montón de personas vestidas de blanco, personas que podían ser los guerrilleros que custodiaron a mi mamá durante sus dos años de secuestro; personas a las que ella perdonó (pensé mucho en nuestra última conversación) entonces empecé a buscar unas caras que no conocía entre la multitud, imaginando que tal vez podía encontrarlas y sentarnos; y así entender mejor a mamá pero también a esas personas, entender mejor mi dolor y el de mi familia y tal vez perdonar. Entonces supe que tenía que hacer una película de esa búsqueda, sin importar dónde me llevara. 

¿Qué momentos fueron clave para el desarrollo de la película? 

Creo que esta pregunta amerita dos reflexiones, una sobre la producción misma y otra sobre el proceso de realización. 

Hacer cine en América Latina es siempre un reto, y especialmente financiar documentales es un doble reto. Las ayudas regionales son escasas (tanto en cantidad como en número) y por eso hay que intentar sumar ayudas de fondos internacionales como el IDFA Bertha Fund o el All Access Fund del tristemente recién desaparecido Tribeca Film Institute, de los que afortunadamente logramos soporte.

Por otro lado, enfrentarse con una película siempre te plantea muchas dudas y retos, en esta, por ejemplo, mi presencia delante de cámara estuvo en las primeras discusiones que tuve con Nuria Polo (co-guionista) y con Jorge Caballero (productor), nos preguntábamos si podía desequilibrar la película, al final entendimos que estar delante de cámara era muy importante, y creo que no nos equivocamos, pero en la sala de montaje también salieron esas cuestiones, encontrar el equilibrio no fue fácil, sobre todo diferenciar entre los que era importante para mi como hijo y que era importante como realizador, algunas veces las dos cosas eran la misma, pero muchas plantean una disyuntiva, eso fue algo que discutí largamente y en varias ocasiones con la co-montadora de la película, Ariadna Ribas.

También me preguntaba cómo mi mamá iba a estar presente en la película: sus diarios, sus objetos nuestros diálogos, ella fue el motor y la gasolina, pero además quería que los espectadores sintieran su ausencia, que entendieran una fracción de como nosotros sentimos esa ausencia durante su cautiverio. En el momento en el que entendí eso muchas puertas formales se abrieron. Además hacer una película que se va escribiendo mientras la haces, que no sabes dónde te va a llevar, es un proceso muy complicado. Ir cumpliendo pequeñas metas es clave para el desarrollo, por eso desde que grabamos el primer plano hasta cuando dimos por cerrado la etapa de rodaje pasaron más de tres años.

¿Podés contarnos algo sobre tus nuevos proyectos?

El cine de lo real es algo que siempre me ha interesado mucho, antes de meterme de cabeza con esta película había desarrollado otra película documental que de momento se titula “Mar de silencio y soledad”, una película en donde también me sumerjo en otro dolor familiar muy profundo: la desaparición de mi hermana mayor en la tragedia de Armero de 1985, donde 23000 personas desaparecieron bajo la avalancha provocada por la erupción del volcán Nevado del Ruiz, pero también voy más allá del dolor porque la investigación me llevó a lugares impensables y hermosos, es una película que estoy retomando. Además estoy escribiendo mi primer largometraje guionado, explorando el universo de los Nahuales latinoamericanos, seres que viven entre los mundos natural y sobrenatural y que me parece que funcionan para investigar muchos temas que me interesan.

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